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Cocinando con nuestros antepasados

Hablar de comida indígena es hablar de la comida de nuestros antepasados; antepasados que poblaron la diversa geografía de nuestro país y que se adaptaron a los elementos que encontraron.

 

Demás está decir que muchos de los cambios ocurridos durante la evolución de nuestra especie se han producido con los cambios alimentarios: la incorporación del fuego, las innovaciones de nuevas formas de caza y la domesticación de animales son algunos de estos ejemplos.

 

Así, pues, los indígenas y los migrantes (españoles, ingleses, croatas, suizos, alemanes y chilenos) tienen conocimientos que, con el tiempo, han ido mezclándose a tal punto que ahora nosotros los sentimos como propios.

Pero si nos remontamos exclusivamente a nuestros pueblos originarios, y, sobre todo, si repasamos referencias descritas por antropólogas como Anne Chapman o libros como Los nómades del mar, del arqueólogo Joseph Emperaire ¿qué encontraremos? Bueno, para empezar, descubriremos cómo los pueblos originarios se alimentaban y aquí, una breve muestra de todo ello:

 

Los hombres selknam cazaban guanacos y zorros. Las mujeres cazaban roedores. Usaban el asado, por lo general. También hacían embutidos con tripas que rellenaban con sangre y grasa. 

 

Los kawésqars, por otra parte, comían ballenas varadas, focas y pájaros marinos. De igual forma, pescados y mariscos constituían en gran parte toda su alimentación. Las mujeres eran las encargadas de bucear en las gélidas aguas de nuestros fiordos y canales. La tierra les proveía de hongos y frutos silvestres. 

 

Con respecto al pueblo yagán, estos sacaban su comida del fondo del mar. Navegaban por los canales buscando lobos marinos, ballenas y nutrias. Las mujeres yámanas buceaban en el agua fría para extraer choros, cholgas, erizos y centollas. También comían huevos, hongos y frutas como el calafate. 

 

Podemos decir, por tanto, que la gastronomía de nuestros antepasados sigue presente en nuestra alimentación de una u otra forma. Lo importante, sin embargo, es mantenerla viva no solo a través de recetarios y catálogos; sino, también, y más importante quizá, a través del constante rescate que nosotros mismos podemos hacer en el día a día. 

 

Las comidas, a fin de cuentas, no son para ser pronunciadas sino para ser disfrutadas como la viva luz del sol.  

Bibliografía:

Cocinas, alimentos y símbolos. Estado del arte del patrimonio culinario en Chile (2017).

Cocinas mestizas de Chile. La olla deleitosa de Sonia Montecino Aguirre (2004).

La cocina indígena en la Patagonia continental de Luciano Prates, Marcelo Vitores y Pierro Bucci (2016).

Estudio sobre el campo gastronómico chileno para el mejoramiento de la acción pública en gastronomía del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. FONDART (2017).

Historia y cultura de la alimentación en Chile. Miradas y saberes sobre nuestra culinaria de varios autores (2010).

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